son las que determinan el futuro

Por qué minorías creativas?

El poder de la creatividad para evangelizar

El futuro lo crean las minorías

El concepto de «minorías creativas» surgió con fuerza dentro de la Iglesia Católica en 2009, durante un viaje del Papa Benedicto XVI, a la República Checa.

En la habitual ronda de prensa que se suele hacer en los vuelos con los periodistas que acompañan a los Papas en los viajes, hubo una pregunta que fue la que determinó la profundización sobre este tema.

Aquí encontrarás la respuesta concreta a la misma y, también, otras preguntas de varias incluidas en el libro «Dios y el mundo», escrito por el periodista Peter Seewald. 

Encuentro con periodistas en vuelo hacia Rep. Checa

 Santidad, la República Checa es un país sumamente secularizado en el que la Iglesia católica es una minoría. En esta situación, ¿cómo puede contribuir eficazmente la Iglesia al bien común del país?

– Yo diría que normalmente son las minorías creativas las que determinan el futuro y, en este sentido, la Iglesia católica debe comprenderse como minoría creativa que tiene una herencia de valores que no son algo del pasado, sino una realidad muy viva y actual. La Iglesia debe actualizar, estar presente en el debate público, en nuestra lucha por un auténtico concepto de libertad y de paz. Así puede contribuir en diferentes sectores. Yo diría que el primero es precisamente el diálogo intelectual entre agnósticos y creyentes. Ambos se necesitan mutuamente: el agnóstico no puede estar contento sin saber si Dios existe o no, debe estar en búsqueda y percibir la gran herencia de la fe; el católico no puede contentarse con tener fe, debe estar en búsqueda de Dios, más aún, en el diálogo con los demás debe volver a conocer a Dios de manera más profunda. Este es el primer nivel: el gran diálogo intelectual, ético y humano. Luego, en el sector educativo, la Iglesia tiene mucho que hacer y que dar, en lo que se refiere a la formación. En Italia hablamos del problema de la emergencia educativa. Es un problema común a todo Occidente: aquí, de nuevo, la Iglesia tiene que actualizar, concretar, abrir su gran herencia al futuro. Un tercer sector es la Cáritas. La Iglesia siempre ha tenido como signo de su identidad salir en ayuda de los pobres, ser instrumento de la caridad. La Cáritas en la República Checa hace muchísimo en las diferentes comunidades, en las situaciones de necesidad, y ofrece mucho también a la humanidad que sufre en los distintos continentes, dando así un ejemplo de responsabilidad para los demás, de solidaridad internacional, que es también condición de la paz.

 

Viaje Apostólico 26-28 septiembre 2009 | Copyright © Dicastero per la Comunicazione

Ser fermento de Fe por donde pasemos

El modelo más claro que tenemos de “minoría creativa” es la Familia de Nazaret.

También fueron los doce Apóstoles, una minoría ejemplar. Jesús eligió a personas toscas e ignorantes y dedicó toda su vida pública a centrar su formación en la vida interior para que salieran a evangelizar al mundo.

Se trata de que los cristianos seamos fermento en la masa. Pero tendremos que ir “uno por uno” para transformar a la sociedad, al todo.

El Maestro envía a los discípulos de dos en dos para que realicen cosas nuevas, los signos de la llegada del Reino.

Católicos: futuro de minoría

Peter Seewald, periodista alemán, mantuvo varios encuentros con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. También los mantuvo siendo Papa y ya, luego de su renuncia, siendo Papa Emérito. 

De esos encuentros surgieron 4 libros y un breve extracto de las preguntas de Seewald al cardenal Ratzinger, son las que transcribimos en este espacio. 

– Hace muchos años, usted hablaba en términos proféticos sobre la Iglesia del futuro: la Iglesia -decía entonces- “se reducirá en sus dimensiones, hará falta recomenzar de nuevo. Pero de esta prueba saldrá una Iglesia que habrá sacado una gran fuerza del proceso de simplificación que habrá atravesado, de la renovada capacidad para mirar dentro de sí misma. ¿Cuál es la perspectiva que nos espera en Europa? 

– Para empezar, la Iglesia “se reducirá numéricamente”. Cuando hice esta afirmación, me llovieron de todas las partes reproches de pesimismo. Y hoy que todas las prohibiciones parecen caídas en desuso, entre ellas las que se refieren a lo que se viene llamado pesimismo y que, a menudo, no es otra cosa que sano realismo, cada vez son más los que admiten la disminución del porcentaje de los cristianos bautizados en la Europa actual: en una ciudad como Magdeburgo el porcentaje de los cristianos es tan solo del 8% de la población total, incluyendo todas las confesiones cristianas. Los datos estadísticos muestran tendencias irrefutables. En este sentido se reduce la posibilidad de identificación entre pueblo e Iglesia en determinadas áreas culturales. Debemos tomar nota con sencillez y realismo.

La Iglesia de masa puede ser algo muy bonito, pero no es necesariamente la única modalidad de ser de la Iglesia. La Iglesia de los primeros tres siglos era pequeña, sin por esto ser una comunidad sectaria. Por el contrario, no estaba cerrada en sí misma, sino que sentía una gran responsabilidad respecto a los pobres, los enfermos, respecto a todos. En su seno encontraban sitio todos aquellos que se nutrían de una fe monoteísta, en búsqueda de una promesa. Esta conciencia de no ser un club cerrado, sino de estar abiertos a la comunidad en su conjunto, siempre ha sido un componente no eliminable en la Iglesia. Al proceso de reducción numérica que estamos viviendo hoy, tendremos que hacerle frente también precisamente explorando nuevas formas de apertura al exterior, nuevas modalidades de participación de aquellos que están fuera de la comunidad de los creyentes. No tengo nada en contra de que personas que durante el año no han pisado la iglesia vayan a la misa la noche de Navidad, o con ocasión de otra festividad, porque también esta es una forma de acercarse a la luz. Debe, por tanto, haber formas diversas de implicación y participación.

La Iglesia de los primeros tres siglos era pequeña, sin por esto ser una comunidad sectaria. 

 

Pero la Iglesia ¿puede de verdad renunciar a su aspiración de ser una Iglesia de la mayoría? 

– Debemos tomar nota de la disminución de nuestras filas, pero debemos seguir siendo igualmente una Iglesia abierta. La Iglesia no puede ser un grupo cerrado, autosuficiente. Debemos ser, sobre todo, misioneros, en el sentido de volver a proponer a la sociedad aquellos valores que son los fundamentos de la forma constitutiva que la sociedad misma se ha dado, y que están en la base de la posibilidad de construir una comunidad social verdaderamente humana. La Iglesia continuará proponiendo los grandes valores humanos universales. Porque, si el Derecho ha dejado de tener cimientos morales compartidos, se viene abajo también en cuanto Derecho. Desde este punto de vista, la Iglesia tiene una responsabilidad universal. Responsabilidad misionera significa precisamente, como dice el Papa, intentar verdaderamente una nueva evangelización. No podemos aceptar tranquilamente que el resto de la Humanidad vuelva a precipitarse en el paganismo, debemos encontrar el camino para llevar el Evangelio también a los no creyentes. La Iglesia debe recurrir a toda su creatividad para hacer que no se apague la fuerza viva del Evangelio.

¿Qué cambios sufrirá la Iglesia? 

– Creo que tendremos que ser muy cautos a la hora de arriesgar previsiones, porque el desarrollo histórico siempre ha dado muchas sorpresas. La futurología se estrella frecuentemente. Nadie, por ejemplo, se arriesgó a prever la caída de los regímenes comunistas. La sociedad mundial cambiará profundamente, pero todavía no estamos en grado de prever qué implicará la disminución numérica del mundo occidental, que todavía es el dominante, cuál será la nueva cara de Europa transformada por los flujos migratorios, qué civilización y qué formas sociales se impondrán. Lo que de todos modos sí es claro es la diversa composición del potencial sobre el cual se sostendrá la Iglesia occidental. Lo que más cuenta es, en mi opinión, el esencializar, por usar una expresión de Romano Guardini. Es necesario evitar elaborar pre construcciones fantásticas de algo que podrá revelarse muy diverso y que no podemos prefabricar en los meandros de nuestro cerebro, para concentrarse, sin embargo, sobre lo esencial, que podrá después encontrar nuevos modos de encarnarse. Es importante un proceso de simplificación que nos consienta distinguir lo que constituye la viga maestra de nuestra doctrina, de nuestra fe, lo que en ella tiene un valor perenne. Es importante volver a proponer en sus componentes fundamentales las grandes constantes de fondo, los interrogantes sobre Dios, la salvación, la esperanza, la vida, sobre todo lo que éticamente tiene un valor básico.

Fuentes: Vatican News | ACI Prensa | AICA 

Solo permaneciendo semilla, levadura, grano de mostaza, sal y luz es posible participar de la fecundidad y de la fuerza renovadora del Evangelio.

«Para que se manifieste la fuerza interna del reino de Dios, es necesario que la comunidad cristiana, una minoría, se mantenga interiormente como tal; así resulta ser una verdadera minoría creativa. Solo permaneciendo semilla, levadura, grano de mostaza, sal y luz es posible participar de la fecundidad y de la fuerza renovadora del Evangelio. Ello requiere, también, la atención por lo pequeño, por la persona (el pequeño rebaño, la oveja perdida) para poder construir algo grande. Las primeras comunidades cristianas atestiguan hasta qué punto el testimonio del evangelio solo se hace significativo para los hombres de cada época si se sabe preservar esta diferencia. Porque esa diferencia pertenece a lo íntimo del misterio de Cristo, que con su acción invisible es la raíz de esa fuerza misteriosa y realísima.»

P. Luis Sánchez Navarro, dcjm